sábado, 19 de diciembre de 2009

Besos de amor

Aquellos besos que ya no vuelven
convierten mi vida en algo raro

tus besos eran mi faro la única luz
que guiaba mi rumbo
en la oscuridad del mar
y la tormenta
no existe nada igual
que aquellos besos míos ....
tus besos, aquellos besos
tan dulces
como aquellos besos
nuestros
que son del color de tu ropa interior
siempre me volvieron loco de amor … (Aquellos besos – Andrés Calamaro)

Le dio el beso más dulce que jamás imaginó poder entregarle. Le acarició el pelo y la miró a los ojos, con la ternura de quien mira al amor de su vida.

Ella tenía los ojos clavados en el infinito y ni siquiera percibió aquella dulce acción. Sin embargo, él volvió a abrazarla y a besarla como el primer día. Le acarició el rostro, pasó sus labios sobre sus mejillas y le susurró algo al oído.

La mujer se mantenía recostada en la cama, mientras él hacia todo lo posible para volver a conquistarla. Parecía que no perdía la ilusión de regresar a aquellos días de amor y pasión que los habían unido años atrás. Pero ya nada sería igual para los dos.

Él le acarició la mano con dulzura, y una vez más le pidió perdón al oído. Con cuidado, retiró el cuchillo del cuerpo de su amada y se recostó junto a ella.

Con firmeza sostuvo el cuchillo con sus dos manos, con el filo apuntando a su propio pecho. Bajó ambos brazos con la firme convicción de que estaba haciendo lo el destino había decido para él y lo hundió en su piel.

La sangre comenzó a brotar. Primero suavemente, luego con mayor vehemencia. Con sus últimas fuerza, el hombre terminó de hundir el cuchillo en su cuerpo e inclinó la cabeza para ver, por última vez el rostro de su amada tal como la recordaría siempre, con la ilusión de volver a encontrarla en otra vida.

No hubo un túnel, ni una luz al final del camino. Tampoco llegó ella vestida de ángel para rescatarlo y perdonarlo. Sólo hubo sombras y oscuridad, las que lo cubrieron por el resto de la eternidad.

La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de Matthias Rosenkranz y es compartida bajo licencia Creative Commons.

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