jueves, 22 de julio de 2010

25 microcuentos de amor

Glaciares de lágrimas, para acallar los recuerdos de un pasado que quema el corazón de sólo evocarlo

Una luna que se llena de amor, deslumbrada por mil estrellas que se enciende de deseo, en una fugaz noche de ardiente pasión.

Historias de pasión recorren mi imaginación en los sueños inconfesables de noches solitarias y huérfanas de amor.

No se puede vivir amando de rodillas, le dijo con lágrimas contenidas. La puerta se cerró y nunca más se abrió.

Años de dolor le costó comprender el amor. Siglos de soledad le esperan hasta la próxima lección.

Una carta de amor descansa en un cajón, mojada por una lágrima que destiñe el sueño de lo que pudo ser y no fue.

Se le escapó el alma del cuerpo con un gemido de placer, esa noche en la que sintió que escaló hasta la cima del amor.

Contemplando las estrellas, recuerdos de amores me acarician la piel, pero se desvanecen fugaces frente a mí.

Sueños en blanco y negro, de una pasión que me dejó marcas en la piel. Tatuajes de una historia de amor que no olvidé.

Sintió que su alma nadaba como un pez, sumergida en una sensación que nunca había experimentado en el mar del amor.

Escribió la última frase con el corazón en la punta de los dedos y presionó el botón Enviar. Esa frase decía: “Te amo”.

Hacía tiempo que no sentía esa electricidad, la de un beso, que la hizo sudar de pasión y le hizo agua la boca.

Se le escapaba la pasión del pecho, no le entraba tanto fuego en el corazón. Dejó la ropa a los pies de la cama y lo amó.

Frases de amor en los labios. Poesías susurradas al oído. Caricias que erizan la piel. Pasiones que abrazan el alma.

Besos que tiñen olvido. Caricias que buscan el amor que se ha descuidado. Lágrimas que no disimulan lo que se ha perdido.

Cruzó océanos helados, atravesó desiertos que parecían infiernos, sólo para llegar hasta ella, abrazarla, besarla y … amarla.

Miró al cielo y entre millones de estrellas no puedo hallar a aquella que amaba, y se encontró solo en la inmensidad.

Soñó una y otra vez con el sabor de sus besos y el fuego de su boca. Pero la realidad fue más que sus propios sueños.

Había olvidado que sabor tenía el amor y cuando volvió a beber de esa copa, se embriagó de placer.

Lleva grabada en el pecho, aquella noche, la que se quedó sin aliento de tanto amar.

Había dejado el amor olvidado en un cuarto de hotel y ya no recordaba cómo se usaba el corazón para volver a empezar.

Se fundieron las sábanas con el sudor y la piel, la noche que encontró más amor, que el que le entraba en el cuerpo.

Amor no es una palabra que se lleva el viento, es una promesa que se escribe con el cuerpo. Lo entendí cuando lo perdí.

Cada día le escribía promesas de amor incumplidas, hasta que la perdió y entre un millón de estrellas no halló otra igual.

Sintió enloquecer su corazón cuando la vio parada ahí, pero no supo que decir y ese segundo de amor se desvaneció.

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