sábado, 27 de febrero de 2010

La tecnología de nuestro lado

Mucha agua ha corrido en el rio desde los tiempos en que las cartas escritas a puño y letra eran una de las maneras más románticas de declarar el amor. La tecnología avanza y aunque para algunos ese método no ha pasado de moda, es verdad que todo cambia … todo cambia.

En la década del noventa se manifestó un cambio tecnológico que representó una modificación radical en la manera de comunicarnos con los demás. En esos años se produjo la primera gran expansión de Internet y, de la mano de este avance, también llegó un cambio social y cultural para gran parte del planeta.

Un largo camino hemos recorrido desde las primeras salas de chat, el ICQ, el MSN y los demás mensajeros. Hoy es una realidad el exponencial crecimiento de Facebook, Twitter y las demás redes sociales.

En este mundo, donde la tecnología nos acerca todo de manera mucho más sencilla que años atrás, lo importante es saber cómo utilizarla a nuestro favor. En la actualidad es común enfrentarnos a cuestionamientos sobre la privacidad en Internet, pero hay algo esencial que debemos tener siempre presente: lo que hagamos con nuestra intimidad y nuestra vida privada depende en primer lugar de nosotros.
Pensar qué vamos a publicar en una red que puede ser vista por otras personas, ya sean fotos o anécdotas o confesiones, debe ser una decisión que tomamos y pensamos antes de hacerlo. Es decir, si abrimos la puerta de nuestra casa, debemos tener en cuenta lo que eso trae aparejado. Quien busca intimidad siempre puede tenerla, pero hay que saber cómo mantenerla.

Claro está que eso no quita que los sitios donde participamos deben ofrecernos garantías de privacidad en sus normas de convivencia, ya que eso también los hace más confiables y ayuda a construir comunidades más seguras. Pero no debemos entrar en el facilismo de caer sobre los demás en aspectos que deben partir de nosotros.

La tecnología es una herramienta maravillosa para trabajar, para entretenernos o para generar y mantener lazos sociales que pueden superar la barrera de la distancia. Las ventajas con las que contamos hoy en día son inmensas y están al alcance de la mayoría de las personas, lo cual democratiza aún más su potencial. Poner esas herramientas de nuestro lado nos puede ayudar, pero siempre debemos ser inteligentes para que esto ocurra y así disfrutar al máximo todo lo que la tecnología nos puede dar.

Como dice el tango ¡cómo cambian las cosas los años! … aunque esa afirmación no siempre es mala ¿verdad? ;)

La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de dichohecho y es compartida bajo licencia Creative Commons.

domingo, 7 de febrero de 2010

Fuimos como el amor y las penas, como la primavera y el otoño

Muchas veces el tiempo puede deteriorar hasta las más hermosas historias de amor y en algunos casos sólo nos quedamos con esa última fotografía de lo que el viento se llevó.

Es curioso como la vida nos lleva por caminos de flores y espinas, pero la última sensación es muchas veces la que nos queda y la que nos marca para siempre, dejando atrás todo lo demás.

Claro que el amor es una de las sensaciones más intensas que nos puede tocar vivir en esta vida y, tal vez, por eso es que todo lo que se relaciona con él lo atesoramos con mucha intensidad, para bien … o para mal.

Observar nuestro pasado con un dejo de nostalgia, pero con una perspectiva diferente, puede ayudarnos a ver con un poco más de objetividad una historia llena de pasajes subjetivos, tan íntimamente vinculados con nuestros sentimientos, y tan poco enlazados con la razón.

¿Cuántas veces le hemos pedido a una historia que se vaya y que no regrese, para no llorarla más?

¿Hasta qué punto podemos hundirnos en un océano de lágrimas para tratar de ahogar las penas de un amor que se terminó?

Quizás lo mejor sea mirar a la cara a esa historial y decirle “Fuimos …” y, de a poco, tratar de no llorarla más …

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas en las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada, fatalmente derramada, sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve, rosa marchitada por la nube que no llueve.


Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza, que no llora, que se echó a morir.


¡Vete!
¿No comprendes que te estás matando?
¿No comprendes que te estoy llamando?
¡Vete!
No me beses que te estoy llorando
¡Y quisiera no llorarte más!
¿No ves?
Es mejor que mi dolor quede tirado con tu amor, librado de mi amor final
¡Vete!
¿No comprendes que te estoy salvando?
¿No comprendes que te estoy amando?
¡No me sigas, ni me llames, ni me beses, ni me llores, ni me quieras más!


Fuimos abrazados a la angustia de un presagio por la noche de un camino sin salidas.
Pálidos despojos de un naufragio, sacudidos por las olas del amor y de la vida.
Fuimos empujados en un viento desolado, sombras de una sombra que tornaba del pasado.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza, que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza, que no llora, que se echó a morir.

(Fuimos - Letra: Homero Manzi)


La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de mrhayata y es compartida bajo licencia Creative Commons.

Más vistos