jueves, 24 de junio de 2010

El anzuelo perfecto


“El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene.”
Victor Hugo

Nunca imaginé sentir un amor tan intenso que me hiciera pensar en volver. Jamás había experimentado en un cuerpo una sensación tan fuerte como aquella que viví en el instante imborrable que justificó toda mi existencia.

La paz de este lugar me hace sentir que estoy en el cenit, abrazado por ángeles alados que me acarician y me hacen sentir amado. Pero esa emoción imperturbable no es nada si no estás junto a mí. No puede existir una sensación de plena felicidad sin tu presencia.

Podrán pasar miles de años, pudrirse millones de cuerpos y estallar todas las estrellas del universo, pero juro por lo más sagrado de la esencia que me ha dado la existencia que te buscaré en cada reencarnación y cuando te encuentre seremos tan felices como en aquel momento en que fuiste mía en otra vida.

Es muy extraño el placer de sentir como vibra la eternidad en mi ser y, al mismo tiempo, saber que no estás. Aunque si lo pienso mejor, quizás ese sea el plan. El anzuelo perfecto que nos hace regresar siempre al lugar del que decidimos partir una y otra vez.


La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de Krystn Palmer Photography y es compartida bajo licencia Creative Commons.

miércoles, 23 de junio de 2010

8 Frases sobre la soledad

La soledad podría definirse como “la carencia de compañía”. Aunque esta definición simplista no llega a explicar su real significado. Si alguna vez nos hemos sentido solos en compañía de una o de miles de personas, sabemos que la soledad no sólo es una situación de compañía física, sino que es mucho más. La soledad es un estado de ánimo, una forma de encarar la vida y una manera de plantarse ante la realidad.

Cuando elegimos estar solos y es una decisión que podemos manejar, puede ser un estado que nos permite conectarnos con nosotros mismos y encontrar una fuerza o un instante creativo inigualable. Sin embargo, cuando la soledad nos elige y no podemos librarnos de sus telarañas, puede ser una sensación horrible, difícil de sobrellevar.

A continuación veremos a la soledad a través de lo que nos han contado grandes pensadores y escritores de la historia de la humanidad.

“La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente.” (Carmen Martín Gaite)

“Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo.”(Lord Byron)

“Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!” (Pablo Neruda)

“Estoy solo y no hay nadie en el espejo.” (Jorge Luis Borges)

“El hombre solitario es una bestia o un dios.” (Aristóteles)

“Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.” (Henry David Thoreau)

“La soledad es la gran talladora del espíritu.” (Federico García Lorca)

"Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía." (Gabriel García Márquez)

La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de Cimm y es compartida bajo licencia Creative Commons.

miércoles, 16 de junio de 2010

Por una sonrisa

"El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas. Eso es lo que la sostiene" Victor Hugo

Apoyé mi cabeza sobre una dura y fría almohada de piedra. Cerré los ojos y aspiré una tormenta de aire que congeló mi alma. Desperté con una puntada en el pecho en medio de la más solitaria noche glacial que puedan imaginar. Sentí que mi cama era un témpano y que mi cuerpo se transformaba en una capa de hielo más en aquella inmensidad. Mis ojos sólo eran capaces de ver un paisaje gris, de montañas lejanas y nubes eternas. Un horrible zumbido me atravesó los oídos, como una flecha de acero. Mis dedos permanecían entumecidos, incapaces de dar o recibir una caricia.

Consumido en una angustia infinita por ese aterrador paisaje de un alma en pena, me encontré solo y atormentado en medio de un huracán de sensaciones que me atrapaban. Vi mi propio cuerpo caminando por el túnel más oscuro y tétrico que puedan imaginar, ese que me asustaba de niño y al que jamás quisiera regresar. No había ninguna luz en mi camino, ni siquiera aquella que nos espera al final del recorrido. Mi esperanza se había puesto de rodillas y mis nervios habían tirado la toalla, rendidos ante la realidad más triste y sombría que puedan imaginar en sus días de mayor dolor.

Fue entonces cuando una sonrisa cambió el clima de mi vida. Detuvo las tormentas de la noche polar, transformó mi lecho de hielo en una cama de suaves hierbas e hizo que mi almohada de piedra se transformara en delicadas plumas para mi cabeza. Esa sonrisa era más brillante que el sol y tan hermosa como las flores cuando combinan sus colores para ser las más bellas del jardín.

Y fui árbol, con raíces fuertes y renovadas. Y mis brazos fueron firmes ramas capaces de soportar los frutos de mi alma. Y mis pensamientos se hicieron trinos de pájaros, cantando la canción más bonita del mundo. Y esa sonrisa le devolvió la esencia a mi existencia, convirtiendo un frio invierno en una primavera llena de colores, risas y flores.

La fotografía que se incluye junto al texto de esta entrada pertenece a la galería de David Paul Ohmer y es compartida bajo licencia Creative Commons.

martes, 1 de junio de 2010

Rubén Juárez, un adiós con olor a Tango

Rubén Juárez nació un 5 de noviembre de 1947 en Córdoba, en pleno corazón de Argentina. Después de haberle dado un aire fresco al tango y de regalarnos melodías inolvidables con su bandoneón y su voz, un 31 de mayo de 2010 partió de este mundo, en Buenos Aires, curiosamente la ciudad a la que seguramente más le cantó.

Su vida fue el tango y realizó su primera grabación en 1969. Pero además de darse el lujo de tocar y conocer a grandes personalidades de la música porteña como Cacho Cataña, también grabó con grandes estrellas del rock argentino, desde Charly García y Pedro Aznar hasta Litto Nebbia.

Interpretó grandes clásicos del tango y también temas de su autoría. Deslumbró los escenarios con su talento y simpatía y fue uno de los hombres que combinó la renovación del tango, pero sin dejar de llevar en las venas lo mejor del género.

Quizás la mejor forma de recordarlo sea con su música, la que conquistó a generaciones, quizás a las de nuestros abuelos, tal vez a la de nuestros padres o también a la nuestra. Un maestro del tango.

Sus restos fueron velados en la legislatura porteña y quienes mejor lo conocieron, no sólo lo despidieron como el enorme músico que fue, sino también como un gran amigo.

Y así como, alguna vez nos emocionó cantando que nació junto a su bandoneón, seguramente los dos "partieron a un tiempo", dejando un recuerdo imborrable en todos nosotros …

A veces se me hace que nació conmigo
y durmió en mi cuna pegao a mis pies.
Que fue mi juguete y mi perro de pibe
y toda la infancia la corrí con él.
Que anduvimos juntos, atorro y milonga,
desde mi bohemia, cigarro y café.
Y a veces rodamos maneaos por el suelo
y nos levantamos con la misma fe.


Mi bandoneón y yo crecimos juntos,
emparentaos, tal vez, por la pobreza...
Muchas veces reímos de alegría
y otras veces, lloramos de tristeza.
Yo le hablo de hombre a fueye, mano a mano.
Lo mismo que si hablara con la vieja.
Y cuando él me responde, se me antoja
que Buenos Aires mismo me contesta.


Sí, hermano, como siempre
con vos hasta que muera...


Si yo a mi bandoneón lo llevo puesto
como un cacho de tango entre las venas.
Y está de Dios que al dar mi último aliento,
moriremos a un tiempo... mi bandoneón y yo.


Mi bandoneon y yo (Música: Rubén Juárez / Letra: Julio Martín)

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